Hay restaurantes que se disfrutan no solo por su propuesta gastronómica, sino por la atmósfera que nos rodea como comensales. Para Juan Pablo Ballesteros, fundador y diseñador del restaurante Limosneros, crear un espacio no es solo cuestión de estética, sino de identidad. Desde el primer trazo, supo que el diseño de este espacio debía responder a su entorno. Ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, con todo su peso simbólico, arquitectónico y cultural. “Aquí no había ni piso, solo el manto freático a metro y medio”, cuenta. “Había que trabajar con lo que ya existía, no imponerle nada.”
Lo suyo con los restaurantes venía de antes. Juan Pablo creció entre mesas y recetas: su familia es propietaria del Café de Tacuba, uno de los rincones más tradicionales del centro histórico, fundado en 1912 y considerado ya un hito capitalino.
