San Miguel de Allende, conocida por su encanto colonial y su cultura vibrante, es también un destino vinícola emergente que ofrece una experiencia única en el mundo de los vinos. En mi reciente escapada a esta joya mexicana, tuve el placer de explorar tres viñedos que combinan la pasión por el vino con la belleza de la región.
VIÑEDO DOS BÚHOS.
Una bodega situada al pie de las montañas de Los Picachos, se distingue por su enfoque en la calidad y creatividad en la producción de vinos, como: Tempranillo, Cabernet Franc y Sauvignon Blanc. Destacan por un control riguroso en el proceso, desde la cosecha manual de uvas hasta la vinificación tradicional que realza textura y complejidad con mínima intervención. Además, ofrecen un restaurante con un menú que varía con la temporalidad y la naturaleza, así como degustaciones de vino con visitas guiadas y otros servicios que hacen que la visita sea excepcional.
VIÑEDO SAN LUCAS.

Un lugar que respira historia y autenticidad. Este viñedo se encuentra en las afueras de San Miguel de Allende. El restaurante de comida estilo mediterránea ofrece una experiencia gastronómica única, donde se maridan sus vinos con platos de la región. Además, la hacienda cuenta con habitaciones boutique para aquellos que desean quedarse y disfrutar de la serenidad del lugar. Cuenta además con spa, sauna y vapor. No te pierdas sus eventos temáticos que celebran la cultura mexicana y la viticultura.
LOS VIÑEDOS DE SAN MIGUEL DE ALLENDE OFRECEN

Una experiencia vinícola que combina la pasión por el vino con la belleza de la región. Ya sea paseando entre las vides, disfrutando de una cena maridaje excepcional o quedándote en una encantadora hacienda, cada uno de estos viñedos tiene algo único que ofrecer a los amantes del vino y los viajeros que buscan un escape inolvidable. Si te apasiona el vino y la cultura, San Miguel de Allende es un destino que no puedes perderte.
